Publicado por Ediciones del Dock, en la colección Pez náufrago.
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RESEÑA:
Crecer fue tu locura, no esperar por años
la visita de una familia enterrada,
a la sombra de la glorieta, sin cordones,
con un triple en la mano, mientras tajante
la sentencia bullía en tu cabeza: la puerta
se abre, sí, pero nadie sale.
Sueño con eso
y con el banco de piedra y con la voz
de tu hermano como el cable que un poste
tiende a otro. Ya es hora de afeitarte,
aunque en el pabellón no haya luz
y el presente sea un destello
en las hojas de la máquina.
Papá a los catorce
Papá a los catorce, sin papá,
ocupó la casa, la tierna, deshabitada
funeraria. Café para los invitados,
un colchón para el muerto. En el cuarto,
ecos
de toses todavía, el chirrido
de la silla de ruedas, la infancia salvaje
depuesta. Es así, nene,
la primera cena solo es como la última:
tu vida detrás y delante
el plato.
Cáncer
Nadie alcanzó a leer dentro tuyo
lo grave del signo: marca de amor
sepulta en las jornadas de trabajo
inhumano.
—Y que un rayo me parta
si la noticia es cierta.— Es cierta:
la medicina
arroja irremediables sus descargas,
con manos flacas palpás tu calvicie
y la familia, lentamente, se deshace
en cuidados y atenciones.
El médico de la familia
No era mi tío,
igual estaba muerto
sobre la cama tendida —médico
de la marina— con un estetoscopio
prendido a las orejas y en calzones. Vi
cosas que pondrían en riesgo tu vida
y la mía, dijo a mi padre una noche
antes de morir. Un proceso orgánico,
un atentado del organismo en defensa
propia. Su madre conserva intacto
el pasaje de la fuga, el diploma
en un marco.
Guerrilla
Mi hermano es una ametralladora
en el patio de casa. Inerte en un rincón,
la tortuga, esa piedra con anillos. No la mató él,
ni nadie. No es tu culpa, hermano, haber disparado
a la cámara con un arma de juguete. Los chicos
hacen cosas peores que crecer y un desborde
lo tiene cualquiera. Yo
no tengo una ventana más real
que esta foto tuya… Tu sueño,
como el mío, eran dos palitos y un parche,
un problema de metáfora. Y lo demás,
lo mismo, el núcleo de la cuestión: eso
a lo que sobrevivimos.
Infiltrado
Porque a mi hijo lo mataron
estos matones con los que urdo y ceno
el próximo atraco, cambio de hábito. Robar
también es un servicio; una mano de cartas,
un pasatiempo a mano armada. De día
el banco, el rigor insobornable del cajero
automático: yo. Cenar en familia
alimenta la fantasía de salir
en los diarios. Todos ellos están
grabados en esta cinta, a coro cuentan
en tu estómago una, dos, tres balas…
Sucesos argentinos
Tu corazón a cero computó los hechos
con la pericia de un forense. Había
objetos sanos: la mesa, por decir,
la pistola. Dijiste
otra película de enredos, otra proyección
sobre las sábanas. Ahí estábamos todos.
No tiren, es uno de los nuestros. ¡No
tiren! ¿Quién sabe cuántas perforaciones
tiene esa calabaza y cuántos caramelos?
Había una vez un balcón de piedra,
había una vez balas, la familia unida
en una región imaginaria, Kaddakesh,
el Nilo. Río abajo, como camas de agua,
dos lápidas de hielo, inexorable, minúsculo
epitafio: no caí, no espero un milagro,
no soy idiota.
Hamburgo TV
Tu programa era ese. Mirar el aparato
control en mano, comida sobre la falda,
mientras otras escenas: tu mujer envuelta
en llamas por las calles de Austria, el puño
marmóreo de tu padre (sello de infancia)
y saberte solo y que no haya prótesis
para tal pérdida. Una vez muerto, fuiste
noticia ante las cámaras. Un pantallazo
por tu habitación y tus restos, primeros planos
de segundo orden, imágenes que no aceptaría
ninguna norma. Tu madre nunca podrá
ajustar la sintonía, ahora que sabe
lo inmenso de Hamburgo.
Origami
Entretiene al anciano un pedazo de papel
que abolla y estira, como se abollan y estiran
sus recuerdos. La pelvis gimnástica de una mujer
difusa, la noche negada y rotunda, desenvuelta
como una alfombra a los pies de sus días. Duerme
la siesta, ahora. Algo le quema las manos. Ese amor
mudo, sordo de tan mudo, ¿para quién era?
Celebración
Él, resplandeciente,
una sonrisa de oreja a oreja, ella,
achinada de emoción e incertidumbre,
a punto de abordar el coche, sujetos
de la mano, rumbo a la noche de bodas.
Bajo la lluvia de arroz, ignoran que son
felices mis padres y con dos sí
la acción comienza.
Chiste
Es este, el de la oreja, el de los padres
que esperan por su hijo y a cambio reciben
una oreja. Sorda. Si la falla es genética
o queda en manos de la partera, poco
importa. Una noche, anterior a esta,
de cuerpo entero el padre se zambulló
en la entrepierna muda de la madre.
Hijos & Cía.
En ese hijo está la fe: ciega. No respira
ni se mueve pero es una promesa de amor
perdido. Un animal se orienta por olfato,
come las sobras, no se queja. Un animal
quise hacerte, algo con dientes y uñas. No sé
convertir lo que toco, no puedo mejorar
la especie. Los tambores baten su esfera
de ruido, pellejo sobre pellejo. ¿Una selva
para criar a tu hijo? ¿Una comunidad
de monos? ¿En qué pensás que pienso?
Ninguno de los dos halla acomodo
entre las hojas. En la almohada áspera
de hojas, nos tocó esta suerte.
Este deseo.
Subsuelo
Ni un día más las ventanas tapiadas,
la caricia metálica de los cubiertos,
el paño frío. Ya no refresca esta zambullida
en la oscuridad, ir y venir del sótano
al living, ausente como una máquina. Ahora
que hago de mi vida un símbolo, ni esto
queda entre nosotros. Cautivos eran los de antes:
la paciente salvaje, el médico apenado
por lo estable del cuadro. Como de minas,
un campo de hematomas internos. Nunca
un estallido, nunca
la barbarie: una revisación exhaustiva
antes de entrar a la pileta.
Jinete
Otro cuerpo aguza mis horas.
Bajo el disfraz de carne, mi corazón
galopa desbocado.
a mei
Intriga
El espejo embotado por el desfile
de las generaciones no mide más
el ancho mundo del living y sus retratos
vivos, las horas huecas donde cada uno
es idea de otros y la cabecera de la mesa
da pánico. Oigo ruidos en otra parte
de la casa: quién anda ahí,
quién llama.
Automático
A través de mí, pasan voces
como por un tubo amplio y hueco, mensajes
de gente que no escucho, ocupado como estoy
en dar la señal y registrar sonidos.
Envío
A la infancia perpetua de pubis peludos,
a la pronunciación perfecta,
a cualquier refugio; el revés del sonido,
la música turbia que no tiene salida
por los parlantes.
Miedo.
Ansiedad.
Todo bien.
Miedo.
Ansiedad.
Todo bien.
N. del E.
De dónde viene
y adónde va
toda esta gente
sola.
Filial
Ir por la vida en dos ruedas
es tu canto al progreso. Hombre con vocación
de héroe doméstico, la boca llena de dientes
móviles y un refranero que supera en elocuencia
tu afición al silencio. Ante el espejo,
los años invertidos en el manejo del humor
y la navaja. Ya no hacen falta tus armas para dar
en el blanco, ni tu cabeza para sentirme desencajado.
Los dos estamos fuera de tiempo; a nuestro modo,
reconciliados en lo pequeño:
una taza oscura
una idea clara.
Una señora mayor
Huérfana. Viuda. Indistintamente, hija
y esposa de un mundo perdido, tiempos
en que las rencillas familiares se dirimían
en una mesa de póquer. Nunca le vi un gesto
de amor espontáneo, señora que clama
por su salud y por su plata. Cada vez más
feroz, cada vez más anciana. Distingo,
entre el millón de adornos de las repisas,
la medialuna blanca de sus uñas rojas,
el pelo perla de peluquería.
Hecho en el balde
Un charco de agua estanca donde me miro
el torso y las manos. No dejo restos de rastro
humano si paso el trapo. De noche
me aturden los rumores del día, brillan menos
mis zapatos. En cada cuadrado pulido
veo forjarse mi carácter, de un amor a otro
unos metros. Mantengo limpio este ambiente
aunque mi trabajo no luzca o se dé
por supuesto.
Taxi Driver
Abordo la noche con ojo cínico. Se abre
en dos el camino y es uno
el que no duerme. Qué es trasnochar
sino otra forma de gastar dinero. Píldoras,
humo y café, la dieta básica de un solitario
sin otros alicientes que una causa personal,
un acto político, una patriada. Doy un vuelco
radical en mi vida. Amanezco en esta cama
de hospital, sedado y punk. Las noticias
dirán que soy un justiciero, un hombre
que se gana la vida llevando gente
de un lado a otro. Sólo yo sé
que apunté al corazón del sistema. Persisto.
Mi oficio no es pasajero. A mis espaldas
la ciudad expide humos de escape. Sigo
solo hablo solo
Leyenda
Ante los ojos,
el millaje de los carteles
se esfuma.
Hermético
Nunca opiné lo contrario
en voz alta, no dije mi cuerpo es mío. Sí
apilé vibraciones, paseos nocturnos
por zonas bajas, ningún remordimiento. Frente
al espejo, miedo a dar con el contorno
y el revés de una fisonomía ajena, los otros
que velé por verme entero: hombre al fin,
impiadoso, prosaico, como un narrador
distanciado. Visto y oído en muchos sitios,
soy de pocos y de ninguna parte.
En Oriente
La columna de la historia se retuerce
como un dragón de la China Antigua
pero hay un eje: un cuarto de vuelta
más a la cuerda. El samurai camina
en una hoja de doble filo —un sablazo
milenario.
No es la visita a Wei Pa
ni están los hijos en torno a la mesa,
somos mi amigo y yo
conversando.
La cuenta
Desvelado
en esta mesa como una isla,
pido un resumen, un detalle,
algo
de qué agarrarme.
Desenlace
Nunca escribí la palabra río, nunca
te dije ese algo misterioso muere. Vivió
en la selva acechante de todo lo efímero
y familiar: la herrumbre de las hojas
de una máquina sujeta por un hombre
frente a otro: yo mismo, él mismo,
más nítido o más opaco. Veo el final:
haberme ido a tiempo de la melancolía
del relato. Llaman. No estoy. No atiendo.
No abro ni cierro. No me doy más
la cara contra estas puertas.
